Antonieta, Antonieta. Eres esa mujer, eres LA mujer, eres todas las mujeres juntas y no eres ninguna mujer en especial.
Eres Morgana y me engañas, me embrujas. Eres Isis y me tragas en mis atardeceres para darme nacimiento en mis mañanas. Eres Catalina La Grande y me conquistas, me educas. Eres Julieta y a mi, inocentemente te entregas. Eres Juana de Arco y me lideras, me guías a mi fin. Eres Ana Bolena y me controlas, me ciegas. Eres la Celestina y me burlas, me encierras. Eres Mrs. Dalloway y me desprecias, me culpas. Eres Fenrir y con tus fauces me persigues, me desbaratas. Eres la parca, marcas mi destino. Eres Amaranta y tejes mi mortaja. Eres Atenea y peleas mis batallas. Eres Gaea y me acunas. Eres Dalila, cómo me traicionas. Eres Alfonsina y me abandonas, me abandonas. Eres Salomé y con tu baile me degollas. Eres mi madre y me amamantas, eres mi hermana, mi hija, mi mujer.
Antonieta… todas ellas me abordan desde su tumba a través de tu mirada, todas ellas toman tu voz y se enroscan en tu pelo, me besan, me torturan, me hacen el amor para luego castigarme en una esquina.
Tú les haz abierto la puerta a todas, haz cruzado mares de ultratumba y portales con esfinges en su búsqueda. Las haz alineado en un ejército que pelea contra mi y tu, sentada triunfal en tu caballo de ocho patas que atraviesa el cielo y el infierno, miras intrigada el desenlace de cada batalla.
Ven, bájate de tu caballo, camina hacia mi enfermera, curandera y venda mi existencia, sutura mis pedazos para poder volver a abrazarte.
Tantos, tantos son los vestidos, tantos, tantos los ojos, en todos ellos te he amado, una y otra vez Antonieta, en todos ellos te he amado, persiguiéndote como alma en pena, tú aguja, entre mil pajares te he encontrado.
Brújula, talismán, voodoo doll. Te cargo en mis bolsillos mientras me visto de ti, y te monto para ir sobre tu lomo a buscarte, atravesándote desierto y bebiéndote a cuenta-gotas para no morir en el intento, te veo espejismo, y te peleo dragón.
Te nombro en cada oración mientras te pido fuerza para no caer en tu tentación. Te ofrezco como sacrificio para recibirte como milagro.
Antonieta, mi niña, mi nodriza, mi pesadilla. Una vez me preguntaste tan sencilla: “Cuál es la distancia más corta para unir dos montañas?” y yo te respondí temeroso: “Un vaso de agua.” Ahora te miro y tu me dices: “El vaso?” Sí Antonieta, eso mismo, el Spleen. Y no me digas que aborreces París.
Sí Antonieta, te he visto en otros vestidos y en otros ojos… al crearte con mis manos, me miraste sin verme mientras entrabas al mundo de los vivos y yo abandonaba mi Olimpo para venir a perseguirte.
Todos los vestidos, Todos los ojos, todos!
El rastro de mi baba se ha secado a través del tiempo y ya esta telaraña que cubre mis pupilas me impide leerte las historias que escribí para ti cuando pequeña.
Me abandonas nuevamente Antonieta, me abandonas?
Temo por mí. Temo mi temor y mi cansancio. Temo verte partir y no poder abrir la puerta tras de ti. Temo, temo cada mañana cuando entras radiante con las flores en tus brazos y los residuos de sol mañanero aún mojando tu pelo, que me mires decrépito y flaco sentado en la ventana, delirante, y que no alcances a atravesar la habitación a tiempo para detener mi súbita caída.
Antonieta. Tu y tu nombre mágico de 7 letras. Son 9 me decías, cuenta bien! 7 letras amor mío, son 7 letras. Las otras 2 son solo puertas: la primera abre completamente mi consciencia a tu presencia, la última cierra mi memoria y me deja por fuera. AAAaaaAAA… las mujeres peligrosas siempre llevan en su nombre esas dos puertas.
Yo? Pedro El Grande, como tú me haz bautizado soy tan sólo un semicírculo. Tan sólo una hebra de tu pelo a medio doblar sobre el mármol. No me encuentro nunca y tú, Aurín sellado, eres serpiente que se muerde la cola. Ahí donde piensa uno que es el comienzo, encuentro el final y en esa dolorosa despedida, todo vuelve a empezar.
Ahora mírame mujer. Mírame y con tu magia párteme ya en dos. No me vuelvas a unir si esos hilos no son tus dedos, no me cures las heridas si la cicatriz no va a ser tu piel.
Portentosa y fuerte, Antonieta, si no vas a ser mi vida, entonces déjame morir.

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