Fué tan fácil enamorarme de él.
Casi como el diablo en medio de Moscú, con su bastón de caniche, llegó caminando altivamente y lo vi llegar.
Margarita yo, densamente enrollada en sus estados, lo vi y perdí el conociemiento del tiempo y del lugar. Perdí la cordura. Acabé con la confianza. Terminé vomitando mis tripas encima de mi memoria.
Soy una destructora. He destruído mi única oportunidad de quererlo en verdad. Lejanamente y contemplativamente, porque nunca jamás me habría visto con ojos benévolos y enamorados.
Hoy me siento derrotada. Me siento inmensamente ahogada en una niebla de baba pegachenta que me tapa las arterias y no me deja respirar. Soy la benefactora de mi propia muerte, justo cuando era verdaderamente importante hacer las cosas bien.
Detalles de más, detalles de menos... su amor yace en otra piel, resguardado por las horas y los besos de quien lo conoce y cuida. Nada más por agregar. La gran distancia me hace a mi una pagana. Una verdadera mentira andante.
Nunca antes quise ser alguien más tanto como hoy. Otra que con palabras sabias sabe conquistar. Otra que no soy yo, no tiene mi voz, ni luce como yo. Otra que en medio de las palabras encontró su cajita musical. Y la supo hacer sonar. Y lo supo enamorar.
Difícil perder lo que no se ha tenido. Esto es triste hasta de escribir. Y yo, ahora congelada como estoy, siento que está mejor lo más lejos posible de mí. Nada bueno nunca viene de mi vientre. Nada bueno nunca viene de mi amor.
Y si. Estoy cansada de perder. Sé que la sangre sabe a papel aluminio. Sé que la sangre fué hecha para dejarla correr.
29 November, 2009
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment